miércoles, 6 de agosto de 2008

Haciendo más eficiente al sistema tributario

Diversas fuentes coinciden que el gasto que realiza el sector privado para lograr el funcionamiento de las detracciones, percepciones y retenciones, se encontraría entre 150 y 200 millones de soles por año.

En realidad como marco conceptual, el sistema es bueno; además ha demostrado su eficiencia con el incremento de la recaudación. Sin embargo, como muchos proyectos públicos, su implementación es burocrática, confusa y todos los pasivos deben ser cubiertos por el lado mas débil: el sector privado. Si no detrae, si no percibe, sino retiene, sino se deposita y una larga lista de “sinos”, la autoridad tributaria le aplica a las empresas fuertes sanciones. Esto en economía se define como los costos transaccionales”, y en el siglo XXI debiera ser minimizado con tecnología, por un país que quiere crecer teniendo como el gran inversor al sector privado.

Primero, SUNAT debiera tener la tecnología, para que cada empresa que quiera hacer un pago a un proveedor, únicamente ingrese a la página web de la autoridad, y consigne la información necesaria; todos los montos que deben ser detraidos, percibidos o retenidos y demás condiciones, debieran ser automáticamente calculados y cobrados por la autoridad directamente. Significa, que si una empresa quiere hacer un pago de 4,000 soles a un proveedor, bastará que ingrese el monto (4,000 soles), la cuenta corriente y el banco de la empresa, la cuenta corriente y el banco del proveedor, con lo cual la tecnología de la autoridad tributaria, debiera resolver todos los porcentajes, y depositar en las cuentas corrientes los montos que considere y que se ajusten a ley. Con ello, aparecerían el débito en la cuenta corriente de la empresa, la detracción en la cuenta de SUNAT directamente y ya no en una cuenta del Banco de la Nación, el abono en la cuenta corriente del proveedor.

Asimismo, si se dieran retenciones por pago de impuesto a la renta se podría aplicar en esta transacciones. Inclusive el ITF estaría controlado en línea por la propia SUNAT, en lugar de recibir el informe de los bancos. Es decir, se podría hacer y controlar todo, pero teniendo como medio de comunicación a la tecnología.

Esto sería un enorme logro, porque a diferencia del “enfoque a posteriori” que emplea la SUNAT podría emplear un “enfoque a priori”, con lo cual el control es considerablemente más económico, limpio y claro para todos. Porque, si hay un error en la retención o en la detracción, ya no es responsabilidad de la empresa, sino es responsabilidad de la autoridad, que fue quien fijó las condiciones.

Técnicamente esto es un proyecto de unos pocos meses. Consideramos que SUNAT gasta mucho más tiempo y recursos en otros proyectos de menor impacto. Sin embargo, requiere mucho de voluntad política.
Obviamente este proyecto requiere de una gran plataforma tecnológica, pero hoy por hoy, tener tecnología es barato; no tener tecnología es lo caro.
Segundo, para implementar un proyecto de esta naturaleza es necesario que todas las empresas se encuentren codificadas, lo que en efecto existe; pero además, se encuentren codificadas todas actividades comerciales de manera específica, para permitir la determinación de que actividades y en que porcentajes se deben aplicar, las detracciones o retenciones por ejemplo. Con esta información el control y pago de todos los tributos, sería sumamente sencillo y completamente automático.

En general, no debería darse ninguna ley, reglamento o norma, que no sea susceptible de control automático. Si se puede automatizar es posible de implementar controles a gran escala, sin necesidad de estar contratando centenares de inspectores, fiscalizadores y demás, que solo engrosan el ya gigantesco aparato estatal. Control si, pero no control artesanal.

miércoles, 23 de julio de 2008

LA DEUDA TECNOLÓGICA DE LA ONP

A inicios de la década de los 90s, cuando se creó el sistema privado de pensiones (AFPs) para que los trabajadores pudieran pasar del sistema único estatal a cada una de las AFPs recién creadas, se requería la relación de aportes de cada trabajador, que estaba en manos de lo que hoy sería la ONP (Oficina de Normalización Previsional). Lamentablemente esta institución no tenía la información desagregada por cada uno de los trabajadores, por lo que para viabilizar la aplicación del nuevo sistema de pensiones, se creó la fórmula de “…el promedio de las 12 últimas remuneraciones, será el bono de reconocimiento”. Lo justo y equitativo hubiese sido que cada trabajador tenga en su cuenta corriente todos sus aportes provisionales, pero no fue así, sólo por falta de información, por falta de tecnología. Aquí la ONP contrajo una deuda tecnológica para que estos hechos no volvieran a repetirse.

Han transcurrido casi 15 años desde este infausto suceso tecnológico, y la ONP aún no consigue ser racional con el pago de pensiones. Por un lado, el trámite para la obtención de una pensión puede demorar más de un año, lo que ha derivado también en que la ONP tenga más de 100,000 juicios por reclamaciones; y por otro lado, se estima que existen más de 30,000 supuestos jubilados que están recibiendo una pensión que no les corresponde, aprovechando las falencias y ausencia de controles del sistema, lo que ocasiona también un forado al presupuesto nacional.

¿Por qué la ONP no funciona y las AFPs funcionan tan bien? ¿Por qué la ONP no tiene registros individualizados de los aportantes y las AFPs les hacen llegar a todos sus afiliados mensualmente sus cotizaciones detalladas? ¿Será por las diferencias que siempre existen entre lo público y lo privado?

La respuesta está en que las AFPs son usuarios activos de la tecnología mientras que la ONP y la mayoría de instituciones estatales limitan el uso de la tecnología. Según la misma ONP, se gastan 14 millones de soles anuales en estudios jurídicos para responder a las más de 100,000 reclamaciones. Un proyecto de automatización de toda la información debiera costar entre 6 ó 7 millones de soles y podría ser tercerizado, para que sea una empresa privada sea la que brinde el servicio. Al tener un registro único y permanentemente actualizado no se requeriría que ningún trabajador presente ningún documento porque todo se encontraría dentro de los sistemas automatizados de la ONP.

Hoy las planillas de los aportes están en poder del Estado, por lo que se tiene el insumo necesario, para iniciar este trabajo. Mientras no haya información confiable y actualizada continuarán los problemas. Se requiere hacer un reingeniería tecnológica de los servicios que presta la ONP.

Adicionalmente, para toda la información que la ONP no dispone –es decir anterior al año 1992- se tienen que aplicar modelos matemáticos y estadísticos para reducir la probabilidad de fraude. Para otorgar créditos los bancos usan modelos que les permiten calcular las probabilidades de pago de cliente. No es suficiente presentar información a través de copias legalizadas, sabiendo que en Lima y en el Perú en general es muy fácil obtener un documento falsificado.

El Estado Peruano necesita una reforma, pero la primera reforma es la reforma tecnológica, con ello tendremos un Estado eficiente realmente al servicio del ciudadano.
Rolando Liendo
Presidente del TRI – Instituto de Investigaciones en TecnoEconomía
www.techno-economy.com

domingo, 20 de julio de 2008

¿Porqué no nacen Bills Gates en Latinoamérica?

Recientemente el periodista Andrés Oppenheimer del Miami Herald, reavivó una discusión de 12 años atrás, preguntándose, el porqué no nacían otros Bill Gates en Latinoamérica.
La conclusión a la que llegó, entrevistando al mismo Mr. Gates, fue que esto no era posible, mientras no existiesen universidades que fomenten los talentos y que inviertan en ciencia y tecnología tal como lo hacen las universidades americanas, quienes estan10 ó 15 años adelante que sus homólogas en el resto de los países del mundo, incluyendo India y China.

Estoy de acuerdo con que uno de los factores es la casi nula inversión en ciencia y tecnología en Latinoamérica. En el Perú, se invierte 0,15% del PBI mientras que un país desarrollado se invierte en promedio entre 2% y 3% de su PBI. Sin embargo, existen otros factores igualmente importantes.

Primero, es la protección a la propiedad intelectual. El mercado americano es el mercado menos “pirata” en el mundo, con un índice del 24%; mientras que en el Perú el índice de piratería es del 71%, es decir, de cada 10 softwares instalados más de 7 son usados ilegalmente, es decir no pagaron ningún tipo de derecho por utilización.

Estos derechos representan ingresos para los creadores. Esto significa que el “Bill Gates americano” percibe 76% de ingresos y pierde el 24% por piratería en USA; mientras que el “Bill Gates latino”, percibe 29% de ingresos y pierde el 71% por piratería. Sin considerar tamaños de mercado, la diferencia de ingresos es abismal y podría representar la diferencia entre el éxito o el fracaso de un software creado en Latinoamérica.

Segundo, es el mercado de capitales. El ciclo de vida de una empresa típica americana es el crecimiento con socios inversores; en una primera instancia con capitales ángeles (que invierten porque creen que el proyecto será exitoso, sin importar el tamaño de la empresa o cuán nueva sea ésta) y luego con salida a la bolsa de valores, donde se consiguen las mayores inversiones.
De hecho Bill Gates es el dueño del 35% de Microsoft y el otro 65% pertenece a miles de inversionistas. El mercado de capitales en Latinoamérica es incipiente.

No existen capitales ángeles para apoyar emprendimientos de las pequeñas empresas, y cuando se revisa las empresas listadas en la Bolsa de Valores de Lima, en su gran mayoría son empresas mineras.

Un fondo como el de las AFPs (más de 12,000 millones de dólares) tiene que invertir en el exterior, porque no existe la reglamentación local para inversiones en pequeñas empresas, es cierto, con mayor riesgo, pero cierto es también, con mucha mayor rentabilidad. Por tanto, el “Bill Gates latino” tendría que condenar a su empresa a ser una microempresa perpetua o a crecer con sus propios recursos, porque no tiene acceso al capital.

Tercero, la valoración del intangible. El mundo de las últimas décadas está inmerso en la sociedad del conocimiento. Los insumos, que en la sociedad industrial, representaban la mayor parte del costo, ahora han sido sustituidos por “know how” es decir, el conocimiento.
Un ceviche puede costar 35 soles, pero los ingredientes no llegan a 10 soles. Los insumos de un “blue jeans” puede llegar a 20 soles, pero en Saga o Ripley existen “blue jeans” definidos como de “marca” que cuestan encima de 500 soles.
En esta sociedad nace la industria del software que es puro conocimiento; pero un software peruano como un antivirus que vende 1, 0 millón dólares al año, no serviría como garantía prendaria en un banco para un préstamo de 10,000 dólares o para hacer una transacción comercial; ni SUNAT lo aceptaría en caso de una garantía por cobro de impuestos, y esto solamente porque la sociedad latina está acostumbrada a las garantías físicas: casas, terrenos, maquinaria, etc.
En el mercado americano dejar como garantía una marca, un diseño, un software puede tener entre las 10 empresas americanas más grandes, 4 son de software y tecnología, donde su mayor activo es el conocimiento.

Cuarto, el sistema judicial. El derecho americano está basado en la jurisprudencia. Por eso son tan importantes los fallos de los jueces, porque a partir de ese momento, por el mismo caso, todos los jueces fallarán de la misma manera.
El derecho latino, en su mayoría está basado en el derecho positivo donde todo tiene que estar escrito en códigos para que pueda ser aplicado; por eso tenemos el código civil, el código penal, entre otros.

Como las tecnologías de la información avanzaron muy rápido, los códigos jurídicos no se pudieron actualizar con la misma rapidez. Un ladrón de claves y fraudes en Internet tendría una pena más benigna, que un ladrón que entró a una casa a robar electrodomésticos, simplemente porque la “violación de domicilio” está contemplada en el código civil, mientras que la legislación sobre Internet es aún muy vaga.

Esta jurisprudencia americana evitó a mediados de los 80s que IBM (el grande de ese momento) se apropiase de la patente MS DOS de Microsoft (una pequeña empresa en ese momento). Esta protección legal a las empresas americanas les permite crecer a ritmos más acelerados.

lunes, 14 de julio de 2008

La importancia de las certificaciones internacionales

Considero que uno de los mayores limitantes que hemos tenido los peruanos para crecer económicamente ha sido la famosa oración “.....el Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”, toda vez que generaciones de generaciones han pensado que habiendo “riqueza dormida”, se tenía que hacer muy poco y esperar que la “riqueza despierte”. Ha sido tan aciago este mensaje, que un estudioso de la vida de Raimondi, aseguraba hace poco, que Raimondi no era el autor de este
mensaje.

Una nueva versión de esta oración es que el “recurso humano peruano es talentoso”. Algunos lo califican inclusive de “altamente creativo e innovador”. Resulta evidente que todos queremos que así sea, pero no por ello, nos debemos quedar únicamente en el enunciado. Todo debe ser demostrable. Si queremos que el recurso humano sea considerado en el mundo, como de alto nivel, debemos tratar de lograr las certificaciones internacionales que así lo demuestren, para las personas y para las empresas.
Por ejemplo, se dice que los programadores de sistemas peruanos son de alta calidad y que antes exportábamos médicos y contadores, pero que ahora exportamos profesionales en informática por su talento. No bastaría este enunciado, necesitamos certificar que en el Perú, tenemos profesionales informáticos de alta calidad.
Felizmente en este caso, existe una certificación de conocimientos de programación otorgado por una transnacional, que muestra al Perú como el segundo país con mayor número de programadores certificados en Latinoamérica. Esto es como examen TOEFL para garantizar el conocimiento del idioma inglés, donde los informáticos peruanos han obtenido un meritorio segundo lugar. Esto es demostrar la existencia de un talento.

Otro ejemplo, son las certificaciones de las empresas. Muchas empresas dicen que tienen procesos de calidad, pero son pocas –menos del 2% del total- aquellas que tienen una certificación ISO 9001:2000 que es un estándar mundial de calidad. Muchas dicen que se preocupan de sus trabajadores, de sus socios minoritarios, de cumplir con las leyes, de su rol social, pero ninguna en el Perú ha obtenido una certificación internacional SA 8000, que es la certificación de
responsabilidad social. Por tanto, se debe hablar menos y hacer más.

Inclusive algunas empresas, se contentan con aparecer en los periódicos levantando trofeos como “la empresa del año”, “la mejor empresa del sector”, “premio a la mejor performance”,etc., cuando ya todo el mundo sabe que esos concursos son pagados. Por “adquirir estos premios” se debe pagar de 2,000 a 25,000 dólares, dependiendo si el premio es nacional o internacional.
Obviamente disfrazados en la publicación de una reseña de la empresa en la revista, los costos de la cena en algún hotel de Lima, Sao Paulo o Miami, según la procedencia de los organizadores, el costo del trofeo, entre otros. Estos premios “engaña muchachos” le hacen mucho daño a la empresa –en lugar de mejorar su imagen- pero el mayor daño es el moral, porque creen que han obtenido un logro empresarial.

Es digno de rescatar algunas certificaciones obtenidas por empresas peruanas en contiendas internacionales sumamente exigentes. En la industria de software existe una certificación CMMI (Capability Matiurity Model, Modelo de Maduración de Capacidades) cuya implementación dura en promedio 4 años, y que solamente el 0,12% de las empresas en el mundo poseen esta certificación. En el Perú, ya existen 3 empresas que cuentan con esta difícil certificación.

Estas son las certificaciones que sirven y que posicionan a las empresas peruanas en un mundo competitivo y globalizado.